jueves, 15 de abril de 2021

LA CAZA

 


¿Qué puedo yo decir sobre la caza que no haya dicho antes? En estas circunstancias, uno acaba, como casi siempre, agarrándose al famoso prólogo del maestro, repitiendo aquello de que la caza torna paleolítico al hombre civilizado y le procura unas vacaciones de humanidad. Porque esto que el señor Ortega dijo hace exactamente cuarenta años, cuando aún el corsé de la civilización no nos oprimía tanto, se va acreditando a cada año que pasa. Ahora bien, siendo esto verdad, ¿es toda la verdad? Al salir al campo cada domingo, ¿procuramos solamente sentirnos paleolíticos por unas horas? Yo creo que a esto habría que añadir un matiz sustancial. El hombre-cazador o el hombre-pescador, que tanto monta, sale al campo, no sólo a darse un baño de primitivismo, sino también a competir, a comprobar si sus reflejos, sus músculos y sus nervios están a punto, y para ello, nada como cotejarlos con los reflejos, los músculos y los nervios de animales tan difidentes y escurridizos como pueden serlo una trucha o una perdiz. Tenemos, pues, que en la caza subyace un sentimiento de confrontación, de duelo, que tiende en definitiva a demostrarnos si nuestra inteligencia y nuestra resistencia física son capaces todavía de imponerse al instinto defensivo, la rapidez y la astucia, de una perdiz o un conejo. Esta competencia implícita exige una lealtad, una ética. El hombre-cazador debe esforzarse, por ejemplo, porque este duelo se aproxime al rigor que presidía los torneos medievales: armas iguales, condiciones iguales. Por sabido, la perdiz no podrá disparar sobre nosotros, pero nosotros quebraremos el equilibrio de fuerzas, incurriremos en deslealtad o alevosía, si nos aprovechamos de sus exigencias fisiológicas (celo, sed, hambre), de sofisticados adelantos técnicos (transmisores, reclamos magnetofónicos, escopetas repetidoras), o de ciertos métodos de acoso (batidas, manos encontradas) para debilitarla y abatirla más fácilmente. De aquí que yo no considere caza, sino tiro, al ojeo de perdiz y recuse la caza del urogallo -mientras canta a la amada, a calzón quieto-, por considerarlo un asesinato. En una palabra, para mí, la caza exige un desgaste, una cuota de energía -cada cazador debe elaborarse por sí mismo su propia suerte- y un respeto por el adversario, lo que equivale a decir que el éxito de una cacería no depende del morral más o menos abultado conseguido al final de la jornada, sino del hecho de que nuestros planteamientos tácticos y estratégicos hayan sido acertados y al menos en alguna ocasión hayamos logrado imponerlos a la difideñcia instintiva de la pieza. Entendida la caza de este modo, una jornada de dos perdices, bien trabajadas, limpiamente abatidas, puede ser más gratificadora que otra de dos docenas con todos los pronunciamientos favorables. No es, pues, la cantidad, sino la dosificación de nuestro esfuerzo y el acierto de nuestras intuiciones, lo que determina el éxito o el fracaso de una cacería; nuestro grado de satisfacción, en suma.



PERSONAS QUE LA PARCTICAN

 La actividad cinegética es una de las aficiones más practicadas y con más tradición en España. Según el último Anuario de Estadísticas Deportivas elaborado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, actualmente hay 332.130 cazadores federados, lo que supone el 9,3% de todas las licencias deportivas en nuestro país. Esto convierte a la caza en el tercer deporte más practicado, después del fútbol y el baloncesto, por delante de otras disciplinas tan populares como el golf, el judo o el tenis.





Algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que España es uno de los mejores países del mundo para practicar la caza por las condiciones del territorio -el 80% es apto para la gestión cinegética-, las diferentes modalidades que pueden encontrar y la diversidad de especies que se pueden cazar en él. Tanto es así que, además de la gran cantidad de aficionados a esta disciplina que hay en nuestro país, cada año atrae a miles de cazadores de fuera de nuestras fronteras, la mayoría europeos. Otro dato a tener en cuenta es que el número de clubes deportivos de caza aumentó de 5.836 a 6.295 durante el año pasado y ya representan el 9,5 por ciento de todas las agrupaciones federadas en España. Andalucía, Cataluña y Aragón son las regiones con más clubes de caza.

Si se observa la distribución geográfica, Andalucía es la comunidad autónoma con más aficionados a la caza, con 89.871 licencias, lo que se traduce en el 27% de todas las licencias federadas en España, según los cálculos realizados por Myhuntbook. Además, según han podido comprobar desde esta red social para cazadores, a partir de los datos publicados en el citado informe, la caza es el segundo deporte más practicado en esta región, sólo superado por el fútbol. En este ranking, le siguen de lejos Cataluña y la Comunidad Valenciana, con 41.648 y 38.590 licencias respectivamente. “Si se unificasen las licencias entre territorios el número de aficionados sería aún mayor, pero las diferencias en los requisitos entre comunidades es un freno para la gente que quiere practicar este deporte”, afirma Luis Pérez Ullivarri, CEO de Myhuntbook.

Según la franja de edad, las personas que más practican la caza en España tienen 55 o más años. Aunque les siguen muy de cerca los jóvenes entre los 15 y 24 años. “Los que somos hijos de cazadores acompañábamos a nuestros padres de cacería y hay que preservar esa tradición para que cada vez haya más seguidores jóvenes a este deporte”, comenta Ullivarri.

“A pesar del número elevado de cazadores federados en nuestro país y su contribución a la conservación de las especies, su hábitat y de la economía del medio rural, estos no cuentan con el reconocimiento social y económico suficiente por parte de las administraciones, que lejos de potenciar una actividad deportiva que cuenta con cientos de miles de aficionados, ponen cada vez más trabas burocráticas para poder practicarla”, se lamenta el CEO de Myhuntbook, quien añade que “en otros países de Europa donde la caza también es una tradición, las instituciones fomentan la afición y la práctica de actividades cinegéticas”.

DERECHOS DE LA CAZA

 



Los derechos de la caza y la propia identidad como cazadores es lo que defiende la UNAC y las asociaciones que la componen, entre las que se encuentra ADECANA y son los siguientes:

1º) A TENER SU PROPIA IDENTIDAD COMO CAZADORES QUE PRACTICAN UNA ACTIVIDAD ANCESTRAL

2º) A SER RESPETADOS COMO CAZADORES.

3º) A SER TRATADOS CON DIGNIDAD, DECORO, Y HONORABILIDAD, y no como infractores potenciales, ilegales y deshonrosos, por el simple hecho de ser un cazador o estar cazando.

4º) A POSEER ENTIDADES PROPIAS DE CAZA, E IDENTIFICARSE EN LAS ENTIDADES QUE LOS AGRUPAN.

5º) A QUE SUS SOCIEDADES DE CAZADORES SE RECONOZCA LO QUE HACEN EN EL MEDIO NATURAL POR LA PRESERVACIÓN DE LOS HÁBITATS Y LAS ESPECIES, Y LO QUE REALMENTE SON: ENTIDADES DE CUSTODIA PARA LA PRESERVACIÓN DEL PATRIMONIO NATURAL CINEGÉTICO.

6º) A ELEGIR A SUS REPRESENTANTES POR SER CAZADORES.

7º) A TENER SU PROPIA ORGANIZACIÓN LEGAL EN LOS GRUPOS EN LOS QUE SE INTEGRA, Y QUE LOS REPRESENTA.

8º) A POSEER ORGANISMOS PÚBLICOS PROPIOS DENTRO DE LA ADMINISTRACIÓN, que gestionen la Caza con recursos personales y económicos exclusivos para la Caza, con el fin de que la respalden, apoyen y trabajen para que funcione, potenciando la Comisión Asesora de Caza y el Consejo Navarro de Medio Ambiente, que son órganos muy adecuado para trabajar a favor de la caza y la naturaleza.

9º) A PARTICIPAR EN LOS ASUNTOS Y NORMAS QUE LES AFECTEN.

10º) AL CONTROL Y CALIDAD SANITARIA DE SUS ESPECIES CINEGÉTICAS.

11º) A LA FORMACIÓN, LA INFORMACIÓN, LA INVESTIGACIÓN Y LA EDUCACIÓN DEL MUNDO DE LA CAZA.

12º) y por ultimo  AL DERECHO DE LOS CAZADORES A QUE LOS RECURSOS ECONÓMICOS QUE GENERA LA CAZA REVIERTAN EN ELLA PARA SU MEJORA;  en los hábitats, y en las especies silvestres cinegéticas; en la formación, la información y la investigación del mundo de la caza; y en la participación de los cazadores antes las administraciones.

HISTORIA DE LA CAZA



 La caza (también denominada actividad cinegética) es la actividad o acción en la que se captura o abate un animal en estado salvaje, tras su pisteo y persecución.​ Según el filósofo español José Ortega y Gasset, «la caza es todo lo que se hace antes y después de la muerte del animal. La muerte es imprescindible para que exista la cacería».

La especie humana ha practicado la caza desde la prehistoria, era la primera y principal ocupación de los hombres. Se considera que los primeros grupos humanos utilizaron un sistema de caza, pesca y recolección el cual fue muy eficiente para garantizar el poblamiento del planeta. Y aún hoy sigue siendo parte de la forma de sustento de muchos grupos humanos. ​

El humano comenzó a cazar para subsistir, y así sigue siendo actualmente en muchas partes del mundo. La caza de subsistencia es aquella actividad que se realiza con la finalidad de obtener proteína animal o subproductos de caza para satisfacer las necesidades propias de los grupos humanos ligados a zonas rurales donde la disponibilidad de especies cinegéticas es alta.

El ejercicio de la caza se refleja en textos religiosos y mitológicos. Por ejemplo, la Biblia dice que Nemrod nieto de Noé era cazador. Ismael, hijo de Abrahan y de Agar, se distinguió en este ejercicio. Esaú vendió su herencia a Jacob por un plato de lentejas al llegar hambriento de la caza. David fue cazador, etc.

La mitología griega representa a Artemisa como la divinidad de los cazadores. Quirón, que cuidó de la instrucción de la mayor parte de los héroes de la antigüedad, fue instruido por Artemisa en el arte de la montería. La misma atribuye a Pólux la gloria de haber enseñado o adiestrado los perros en la caza; y Cástor introdujo los caballos en la caza de los ciervos.

En Babilonia y Media tenían también una afición particular a la caza y los últimos habían construido grandes parques, en los que tenían encerrados leones, jabalíes, leopardos y ciervos. En la Grecia de los tiempos heroicos eran apasionados también por la caza. Platón llamaba a la caza «ejercicio divino» y la escuela de las virtudes militares. Leemos en Homero que Ulises fue herido en el muslo por un jabalí cuya señal le duró toda la vida. Tenían una cierta vanagloria en poseer perros bien enseñados a los que les daban nombres diferentes, distinguiéndolos según el país de donde provenían. Tampoco les era desconocida la caza de pájaros con el halcón y gavilán.

En Roma solo los esclavos y la gente de baja extracción eran los que iban a la caza, a pesar de que consideraron esta ocupación como un ejercicio honesto. Paulo Emilio regaló a Escipión un equipaje de caza semejante a los de los reyes de Macedonia; y el joven héroe después de la derrota de Perseo cazó en el reino de este príncipe durante todo el tiempo que sus tropas permanecieron en el. Pompeyo, vencedor en las regiones africanas, se entregó entre estos pueblos a los placeres de la caza.

En Roma se iba a cazar en los bosques, en los campos, etc. y en los últimos tiempos de la república, en los sotos o parques en donde tenían encerrados animales de toda especie. La caza con perros les pareció siempre la más noble; a pesar de que esto no impedía, como dice Plinio, que cazasen también con el halcón o el gavilán.

Los francos después de la conquista de las Galias encargaron a los locales el cultivo de las tierras y se reservaron para sí la caza, que pasó a ser entre ellos un ejercicio noble.

La caza era antiguamente permitida a todo el mundo. Los romanos no habían formado todavía de ella un punto de jurisprudencia. La ley Sálica contenía ya algunos reglamentos relativos a la caza, pero no coartaba en nada el derecho natural de esta. Poco a poco se fueron introduciendo leyes y formando reglamentos para el ejercicio de ella, no permitiendo en ciertos países el dedicarse a cazar sino a la clase distinguida de la sociedad.

En los primeros siglos del cristianismo el celo de los fieles no les permitía ir a cazar durante la cuaresma y días de ayuno, aunque se guardase este, destinando el tiempo para ejercicios de penitencia.


El instinto de caza tiene origen remoto en la evolución de la raza. El instinto cazador y el de lucha se combinan en muchas manifestaciones. [...] Puesto que el afán sanguinario de los seres humanos es una parte primitiva de nosotros, resulta muy difícil erradicarlo, sobre todo cuando se promete como parte de la diversión una pelea o una cacería.









FAMILIA

 Si hay algo que contribuye enormemente a elevar el sentimiento venatorio es cazar en familia, bien acompañado de nuestro padre, nuestro hijo, nuestro abuelo o de cualquier otro miembro con quien mantenemos un estrecho lazo de sangre.

Son sensaciones únicas, incomparables, que no tuve oportunidad vivir con mi padre, pero si con mi hija, que sin llegar a levantar un metro del suelo, muestra una sonrisa tan amplia y emocionada como la de cualquiera al seguir a sus perros por los rastrojales palentinos.

Cazar en familia, un sentimiento inigualable

Esas conversaciones antes, durante y después de la jornada, los silencios cómplices, los muchos sueños y recuerdos compartidos, momentos especiales que unen bajo un fuerte lazo prácticamente inquebrantable.

Vivencias que mi padre pudo disfrutar con mi abuelo, al igual que hoy lo hago yo con él.



 

Cazamos poco, pero disfrutamos muchísimo

Hay muestras a las que no llegamos y se nos escapan muchos pájaros, pues aunque es brava y de pura cepa.

Pero no me importa, ya que lo bonito de salir a cazar con mi padre no sólo es matar un bicho, sino disfrutar del momento padre e hijo y del campo y juntos tratamos de seguir al can, perdiendo lances, pero ganando en satisfacción y gozando de cada uno de esos instantes.

Es duro, y aguanta, y tira para adelante, y le encanta la caza.  Si por el fuese, iría de caza todos los fines de semana de la temporada y yo intentaría ir con él pero no siempre es posible, ya sea por el instituto, exámenes, futbol, etc...




 

A su edad, tiene increíbles anécdotas que contar…

Recuerdo una tarde de la pasada Media Veda, cazando en su compañía por uno de los vastos páramos de Tabanera, ver salir una codorniz a muestra de Figo y abatirla.

La quería llevar yo y me la dejó.

Reiniciamos el paso y entre tanto le seguía, iba acariciando el plumaje de aquella codorniz, destacando su belleza y alegando que me daba pena…

Me quedé un tanto dubitativo y para ser honesto, pensó: «Uy, que se me vuelve animalista…»

Suspiró segundos después, cuando otra africana se levantaba delante de Crono, mientras yo gritaba a pleno pulmón… «¡Mírala papá, tírala, tírala!…»

Después de reírse y degustar el momento, le pregunté por qué no la había «pistoleado» y entonces me explicó que el cachorro no la había bloqueado y esos «rollos éticos tan extraños» que practica.

Me pudo el instinto, ese con el que todos nacemos, el mismo que algunos tienen adormilado.

Y a el se le caían las lágrimas… ¡Puro orgullo!


 

Cazar en familia, comer en familia

Desde luego, lo del veganismo no va con conmigo, pues me pirro por la «pata de chonuco», pero es que aún siendo algo pejiguero para comer, se valorar un buen filete de corzo y algún que otro chorizo de venado o jabalí que siempre hay por casa.

Beneficios quizás de que mi padre me explica las cosas como son y me transmite desde muy pequeño, que amar a los animales, respetarles y cuidarles, no está reñido con hacer un digno y justo aprovechamiento de ellos.



 

Convierte a los niños en grandes aficionados a los perros

Esta es  una de las mejores cosas que existen, es una sensación único, el perro de caza tiene algo que los demás perros no tienen y eso lo hace increíble.

Ahora ya no lo envidio, ahora me limito a disfrutarlo…

¡Un abrazo y al monte!


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MODALIDADES DE LA CAZA


 



Métodos de caza

  • Con armas de fuego
  • Con arco
  • Con perros
  • Cetrería

   



Modalidades de caza

Existen múltiples modalidades de caza en el mundo y en España.

La principal división engloba la caza en dos grandes grupos, la caza mayor (especies de caza mayor) y la caza menor (especies de caza menor), a partir de estos dos grandes grupos podemos encontrar diferentes modalidades de caza, según la/s especie/s a cazar y el lugar donde se practique.

Caza mayor

  • Montería
  • Rececho
  • Espera o aguardo
  • Batida

  • Cetrería


Caza menor

  • En mano
  • Ojeo
  • Perdiz con reclamo
  • Caza acuática
  • Cetrería








Otras modalidades

  • Caza con arco
  • Pasa
  • Perro y hurón
  • Conejo con podenco ibicenco
  • Ronda
  • Silvestrismo
  • Lanceo y vaqueo
  • Caza´a berraca´
  • Filats




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